HISTORIA DEL APRA

  • ¿Qué es el APRA?

    El Partido Aprista Peruano (APRA) es un partido político inicialmente proyectado a escala continental, de postura afín a la centroizquierda y miembro de la Internacional Socialista. Las siglas APRA provienen del nombre de la Alianza Popular Revolucionaria Americana, propuesta inicial de su fundador Víctor Raúl Haya de la Torre de formar una red de movimientos sociales y políticos antiimperialistas en América Latina. Sus militantes son llamados "compañeros" debido a la Fraternidad creada por Haya de la Torre.

    Está dentro de los partidos políticos más antiguos de América. Entre los partidos políticos peruanos en actividad es el más longevo, caracterizado por haber sido despojado de victorias electorales por golpes militares o gobiernos militares luego de haber triunfado en las urnas, también pasó por dos largos periodos de ilegalidad, tanto bajo gobiernos militares como civiles, habiendo sido perseguido con especial saña por Luis Miguel Sánchez Cerro y Manuel A. Odría. El Partido Aprista Peruano ha llegado al poder democráticamente en dos oportunidades: en 1985 y en 2006, ambas bajo la candidatura de Alan García.

    Aunque el APRA no logró extenderse a toda América Latina, como era el sueño de Haya, sí fue una poderosa influencia para otras organizaciones progresistas latinoamericanas, como, Acción Democrática (AD) en Venezuela, que tiene un logotipo semejante, y el Partido Socialista de Chile.

  • Fundación del APRA

    El partido político latinoamericano es considerado como tal el 7 de mayo de 1924, en un acto en el cual Haya de la Torre, cercano colaborador del político y educador mexicano José Vasconcelos Calderón entrega al presidente de la Federación de Estudiantes de México la bandera Indoamericana y este acto es considerado como la fundación oficial del APRA. La formulación de sus principios está en un artículo publicado en el número de diciembre de 1926 de la revista inglesa Labour Monthly "What is the A.P.R.A." (en inglés), donde se formulan los 5 puntos del APRA, en la creación de un Frente Único latinoamericano (o indoamericano según Haya de la Torre):

    • Acción contra el Imperialismo
    • Por la Unidad Política de América Latina.
    • Por la nacionalización de tierras e industrias.
    • Por la internacionalización del Canal de Panamá.
    • Por la solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidas del mundo.

    La primera organización política aprista se crea en 1927 en París. Finalmente el 20 de septiembre de 1930 se funda el "Partido Aprista Peruano". Con lo cual el APRA tiene una base nacional para efectuar sus tareas.

    A pesar de que el APRA se proponía ser una agrupación política internacional latinoamericana, es actualmente un partido político peruano con un importante influencia en el pensamiento de la izquierda democrática continental.[cita requerida] Mantiene cercanía con movimientos políticos social demócratas de otros países de Latinoamérica. También hay que hacer notar que hubo importantes partidos latinoamericanos de origen aprista, como Acción Democrática de Venezuela, el Partido Liberación Nacional de Costa Rica, el Partido Socialista de Chile, el Partido Aprista de Cuba, entre otros. Los simpatizantes del APRA, aún cuando están diseminados por todo el país, concentran -en homenaje a su fundador Víctor Raúl Haya de la Torre-, una mayor e importante fuerza en la región de la costa norte peruana conocido como el"Sólido Norte".

  • El Frente Único

    El A.P.R.A. organiza el gran Frente Único antimperialista y trabaja por unir en ese frente a todas las fuerzas que, en una forma u otra, han luchado o están luchando contra el peligro de la conquista que amenaza a nuestra América. Hasta 1923, ese peligro fue presentido o interpretado diversamente. Para unos era un conflicto de razas (sajones y latinos); para otros, un conflicto de culturas o una cuestión de nacionalismo. De las Universidades Populares "González Prada", del Perú, surgió una nueva interpretación del problema, y especialmente de la forma de acometerlo. Se había ya enunciado el hecho económico del imperialismo, pero no sus características de clases y la táctica de lucha para defendernos de él.

    De las Universidades Populares González Prada se lanza la primera voz en este sentido, en 1923, invocando la unión de la juventud de trabajadores manuales e intelectuales para una acción revolucionaria contra el imperialismo. (Véase la revista Córdoba, primera semana de febrero de 1924). En el año de 1924 la Primera Liga Antimperialista Panamericana fue fundada en México, y en 1925 la Unión Latinoamericana en Buenos Aires. La Liga Antimperialista fue el primer paso concreto hacia la formación del Frente Único de obreros, campesinos y estudiantes proclamado por las Universidades Populares González Prada, del Perú, y bautizado con sangre en la masacre de Lima del 23 de mayo de 1923, por el gobierno del Perú, "made in U.S.A." La Unión Latinoamericana de Buenos Aires fue fundada como el Frente Único de los intelectuales antimperialistas. Pero la Liga Antimperialista Panamericana no enunció un programa político sino de resistencia al imperialismo, y la Unión Latinoamericana se limitó a fines de acción intelectual. Cuando a fines de 1924 se enuncia el programa del A.P.R.A., presenta ya un plan revolucionario de acción política y de llamamiento a todas las fuerzas dispersas a unirse en un solo Frente Único.

  • El APRA como partido

    Desde el primer momento, el APRA apareció como "un movimiento autónomo latinoamericano, sin ninguna intervención e influencia extranjera", como se dice claramente en el artículo. Esta declaración significaba, sin lugar a dudas, que la nueva organización no estaba sometida ni iba a someterse nunca a la Tercera, a la Segunda o a cualquier otra internacional política con sede en Europa; y definía así su fisonomía de movimiento nacionalista y antimperialista indoamericano.

    Y aquí un poco de historia. A principios del otoño europeo de 1926 y hallándome en Oxford, recibí una amistosa carta de Lozowsky, el Presidente de la Internacional Sindical Roja o Profintern, quien me comunicaba que después de haber leído el artículo de The Labour Monthly traducido al ruso por una revista de Moscú, "daba la bienvenida al nuevo organismo". Lozowsky, con quien había conversado sobre los problemas sociales y económicos americanos durante mi visita a Rusia en el verano de 1924, no oponía en su carta objeción alguna a la declaración expresa del APRA para constituirse en Partido, ni a su carácter autónomo, tan nítidamente enunciado en las líneas que copio arriba. Se concretó a explicarme que disentía de nuestro plan de incorporar a los intelectuales de ambas Américas en el movimiento y especialmente a los norteamericanos, sosteniendo que los aliados antimperialistas que los pueblos indoamericanos deberían tener en los Estados Unidos, no debían ser los intelectuales burgueses o pequeño-burgueses, sino los obreros. La carta de Lozowsky era, pues, bastante vaga y repetía las conocidas frases hechas de la ortodoxia marxista. Conviene advertir que Lozowsky me escribía en inglés, lengua que recién comandaba bajo la dirección de una profesora norteamericana, quien sirvió de intermediaria durante toda esta correspondencia.

    Respondí a Lozowsky extensamente y le ratifiqué algunos puntos ya enunciados durante nuestra charla en Moscú: las características muy peculiares de América, social, económica y políticamente; su completa diferencia de la realidad europea; la necesidad de enfocar los problemas americanos y especialmente los indo o latinoamericanos en su total extensión y complejidad. Le reiteré mi convicción sincera de que no es posible dar desde Europa recetas mágicas para la solución de tales problemas, expresándole que así como admiraba el conocimiento que los dirigentes de la nueva Rusia tienen de la realidad de su país, anotaba su palmaria carencia de información científica acerca de la realidad de América. Le advertía, además, que estas opiniones, ya emitidas personalmente en charlas con Lunatcharsky, Frunze, Trotsky y otros dirigentes rusos, me determinaron, después de una serena y muy minuciosa visita al gran país de los Soviets, a no ingresar al Partido Comunista, por creer, como creo, que no será la III Internacional la que ha de resolver los graves y complicadísimos problemas de Indoamérica. Luego, respondí a sus objeciones sobre la participación de los intelectuales en la lucha antimperialista y le expuse mis puntos de vista sobre la misión de las clases medias y sobre la participación de los obreros norteamericanos en la lucha antimperialista, cuestiones que trataré en los últimos capítulos de este libro. Planteé a Lozowsky algunos puntos sobre el conflicto de los imperialismos y sus proyecciones en la lucha liberatriz antimperialista de los pueblos indoamericanos. Por este lado que aludía al Japón e interesaba más a Lozowsky- se desvió la polémica epistolar, que cesó un buen día. Alguna de aquellas cartas circuló impresa durante el Congreso Mundial de la Internacional Sindical Roja de noviembre de 1927 y figura en las versiones oficiales publicadas por el Congreso. En ellas consta que Lozowsky, refutando mis ideas, y lamentando que no militara yo en las filas comunistas, aludió con generosidad a mi capacidad para enfocar los problemas de América y a mi sinceridad política. Aparecen, asimismo, las palabras de Lozowsky declarando su oposición a que la circulación de esa carta en el Congreso diera lugar a exaltaciones personales por parte de ciertos comunistas criollos. Entonces, el delegado peruano Portocarrero hizo de mí una enérgica defensa. (Versión inglesa y española del Congreso Mundial de la Internacional Sindical Roja de Moscú, 1927).

    Todas estas referencias cuyos detalles han sido imprescindibles, demuestran que después de la carta de Lozowsky -portadora de una franca enhorabuena por la fundación del APRA- la opinión cambió. Entiendo yo que convencidos de que nuestra declaración proclamando al APRA como "un movimiento autónomo latinoamericano, sin ninguna intervención e influencia extranjera", los comunistas perdieron totalmente sus esperanzas de captar al nuevo organismo. El APRA, así, no podía servir de instrumento al Comunismo.

    La actitud aprista se definió además -poco después de mi correspondencia con Lozowsky-, en el Congreso Antimperialista Mundial que se celebró en febrero de 1927 en el Palacio de Egmont, de Bruselas. El APRA no fue oficialmente invitada, pero, individualmente, fuimos especialmente llamados los apristas con algunos prominentes intelectuales indoamericanos. La influencia y contralor del Partido Comunista resultaron inocultables en aquella asamblea, que reunió a las más ilustres figuras del izquierdismo mundial. A pesar de la fuerte presión comunista y del ambiente de fácil optimismo, frecuente en tales asambleas, mantuvimos nuestra posición ideológica y el carácter del APRA como organismo político autónomo tendiente a constituirse en Partido. De nuevo el artículo de The Labour Monthly se leyó y comentó. En los debates nos opusimos a quedar incluidos bajo el comando de la Liga Antimperialista Mundial que, sabíamos, era una organización completamente controlada por la III Internacional, no para el interés de la lucha antimperialista, sino para servicio del Comunismo. Empero, cooperamos sinceramente a dar al Congreso los mejores resultados constructivos. Rechazado por unanimidad un proyecto de resolución presentado por Julio Antonio Mella, fui encargado de presentar otro. Así lo hice y fue aprobado en toda su parte expositiva. En el punto neurálgico sobre la participación de las burguesías y de las pequeñas burguesías en la lucha antimperialista, opusimos nosotros las objeciones del APRA a las consignas comunistas. Fue entonces que se produjo la más dramática polémica del Congreso. La delegación latinoamericana debió sesionar reservadamente durante cinco o seis horas para convencernos. Nosotros mantuvimos nuestras reservas. Dejando constancia de ellas, firmamos las conclusiones del Congreso; y así aparecen en sus documentos oficiales publicados en todos los idiomas conocidos.

    Bruselas definió, pues, la línea teórica aprista y planteó bien claramente nuestras diferencias con el comunismo. Era de esperarse que desde entonces el APRA fuera el blanco de críticas acerbas. Para el Comunismo no puede existir otro partido de izquierda que no sea el oficial de la III Internacional de Moscú, de ortodoxia estalinista. Toda organización política que no comanda Moscú debe ser execrada y combatida. Después del Congreso de Bruselas de 1927, lo fue el APRA.

    Analicemos ahora algunas de las críticas más interesantes y más repetidas que se nos hacen, a fin de refutarlas metódicamente. Las más importantes, como es de suponer, se dirigen especialmente contra el APRA como "partido político".

    En el capítulo anterior al tratarse de la organización del APRA, se dice literalmente:

    "El APRA -que viene a ser el Partido Revolucionario Antimperialista Latinoamericano, es una nueva organización formada por la joven generación de trabajadores manuales e intelectuales de varios países de la América Latina".

    Y más adelante en el párrafo de conclusión:

    "El APRA representa, consecuentemente, una nueva organización política de lucha contra el imperialismo y de lucha contra las clases gobernantes latinoamericanas que son auxiliares y cómplices de aquél. El APRA es el Partido Revolucionario Antimperialista Latinoamericano que organiza el gran Frente Único de trabajadores manuales e intelectuales de América Latina, unión de los obreros, campesinos, indígenas, etc., con estudiantes, intelectuales de vanguardia, maestros de escuela, etc., para defender la soberanía de nuestros países".

    ¿Por qué debe ser el APRA un Partido Político? La respuesta la hallamos sumariamente en el mismo artículo:

    "...el Estado, instrumento de opresión de una clase sobre otra, deviene arma de nuestras clases gobernantes nacionales y arma del imperialismo para explotar a nuestras clases productoras y mantener divididos a nuestros pueblos. Consecuentemente, la lucha contra nuestras clases gobernantes es indispensable. El poder político debe ser capturado por los productores; la producción debe socializarse y América Latina debe constituir una Federación de Estados. Es éste el único camino hacia la victoria sobre el imperialismo y el objetivo político final del APRA, partido revolucionario nacional antimperialista".

    Ahora bien, las objeciones teóricas de los comunistas pueden sintetizarse así:
    • 1) El APRA como Frente Único Antimperialista está demás porque desempeña los mismos fines que la Liga Antimperialista Panamericana o de las Américas: fines de resistencia al imperialismo; y
    • 2) Como partido también está demás, porque ya existen los Partidos Comunistas para cumplir la tarea política que se propone el APRA.
    Examinemos ambas objeciones:

    El Frente Único de las Ligas Antimperialistas dependientes de la III Internacional sólo enuncia un programa de resistencia contra el imperialismo. Pero resistir no basta. Protestar contra los avances del soldado yanqui en Nicaragua o en cualquier otro de los países agredidos de Indoamérica, es solo un aspecto de la lucha contra el imperialismo. El imperialismo es esencialmente, un fenómeno económico que se desplaza al plano político para afirmarse. En Europa el imperialismo es "la última etapa del capitalismo" -vale decir, la culminación de una sucesión de etapas capitalistas-, que se caracteriza por la emigración o exportación de capitales y la conquista de mercados y de zonas productoras de materias primas hacia países de economía incipiente. Pero en Indoamérica lo que es en Europa "la última etapa del capitalismo" resulta la primera. Para nuestros pueblos el capital inmigrado o importado, plantea la etapa inicial de su edad capitalista moderna. No se repite en Indoamérica, paso a paso, la historia económica y social de Europa. En estos países la primera forma del capitalismo moderno es la del capital extranjero imperialista. Si examinamos la historia económica indoamericana, descubriremos esta general característica: Con el capital inmigrado se insinúa en nuestros pueblos agrícola-mineros la era capitalista. Y es Inglaterra -donde el capitalismo define más pronto su fisonomía contemporánea-, la nación que inicia la exportación de capitales. "Comparadas con las de otros países, las inversiones británicas han actuado como pioneros en el descubrimiento y apertura de nuevos campos de desarrollo" dice C. K. Hobson.

    No se ha producido, pues, en nuestros países la evolución que se observa en las burguesías inglesa, francesa o alemana, que fortalecidas como clases económicas, en un largo periodo de crecimiento, capturan por fin el poder político y lo arrebatan más o menos violentamente a las clases representativas del feudalismo. En Indoamérica no hemos tenido aún tiempo de crear una burguesía nacional autónoma y poderosa, suficientemente fuerte para desplazar a las clases latifundistas -prolongación del feudalismo colonial español-, que en la revolución de la Independencia se emanciparon de la sujeción político-económica de la metrópoli, afirmando su poder por el dominio del Estado. A las criollas burguesías incipientes, que son como las raíces adventicias de nuestras clases latifundistas, se les injerta desde su origen el imperialismo, dominándolas. En todos nuestros países, antes de que aparezca más o menos definitivamente una burguesía nacional, se presenta el capitalismo inmigrante, el imperialismo.

    Es bien sabido que en el proceso económico moderno de algunos pueblos indoamericanos es difícil distinguir, a primera vista, el capital nacional del capital extranjero y sus líneas de separación originarias. Empero, si buscamos en todos ellos los comienzos del fenómeno capitalista, encontraremos casi siempre al capital inglés o al yanqui, en oposición o en alianza entre si -más frecuentemente en oposición-; y en torno de uno y otro, formas embrionarias o pequeños intentos de un verdadero capital nacional.

    Nuestras clases gobernantes y el Estado -su instrumento político de dominio-, en sus formas elementales o relativamente avanzadas de organización, expresan fielmente esta modalidad indoamericana del capitalismo que coexiste en la gran mayoría de nuestros países con el poderío aún invicto del latifundio.

    Luchar contra el imperialismo en Indoamérica no es solo resistirle con gritos o protestas cada vez que el soldado extranjero, autorizado o no por los poderes del Estado intervenido e impotente, viola su soberanía de acuerdo con la clase o con una fracción de la clase dominante. Si examinamos la historia del imperialismo norteamericano, por ejemplo en el buen libro de Freeman y Nearing, The Dollar Diplomacy, se verá que siempre que los soldados yanquis han invadido nuestro suelo, lo han hecho en apoyo de un tratado, de un convenio o de una invitación formal de los representantes del Estado invadido. Cuando esos representantes, por cualquier circunstancia, han sido hostiles a las medidas adoptadas por el invasor, han sido automáticamente relevados del contralor de los negocios públicos, reemplazándolos con elementos más dóciles. No es necesario repetir -pues todos los indoamericanos lo sabemos bien-, que las dos terceras partes de la fuerza del poder imperialista en nuestros países radica en el dominio que él ejerce, directa o indirectamente, sobre los poderes del Estado como instrumento político de dominación.

    La lucha contra el imperialismo en Indoamérica no es solamente una lucha de mera resistencia, de algazara de comités o de protestas en papeles rojos. La lucha es, ante todo, una lucha político-económica. El instrumento de dominación imperialista en nuestros países es el Estado, más o menos definido como aparato político; es el poder[14]. Parafraseando al fundador de la III Internacional, nosotros los antimperialistas indoamericanos debemos sostener que la cuestión fundamental de la lucha antimperialista en Indoamérica es la cuestión del poder.

    La Liga Antimperialista Panamericana o de las Américas, como organismo de simple resistencia o propaganda antimperialista, es un organismo de limitada eficacia. Debemos en primer término, arrebatar el poder de nuestros pueblos al imperialismo y para eso necesitamos un partido político. Las Ligas Antimperialistas por incompletas, están demás y así se explica -¡oh aciertos del instinto popular!- que casi han desaparecido.

    La respuesta a nuestras críticas sobre el papel inocuo de las Ligas no se da en público por razones "tácticas" -secreto a voces-, pero se sintetiza así: las Ligas no tienen acción política porque la tiene el Partido Comunista.

    Y queda en pie la segunda objeción: el APRA como Partido está demás, porque ya existen los Partidos Comunistas que llenarán las finalidades políticas del APRA.

    También es fácil rebatir este argumento que han sostenido especialmente los comunistas oficiales argentinos, los más ortodoxos en su argumentación de todos los que, ya objetando o ya cayendo y levantando en el lodo de las injurias, han recibido al APRA con ademanes hostiles. Respondemos:

    El Partido Comunista es, ante todo, un partido de clase. El Partido o uno de los Partidos -no olvidemos a los socialistas- de la clase proletaria. Y el Partido Comunista, además de ser un partido de clase, exclusivo, cuyo origen ha sido determinado por las condiciones económicas de Europa, muy diversas de las nuestras, es un partido único, mundial -no una federación de Partidos-, cuyo gobierno supremo y enérgico se ejerce absoluta y centralizadamente desde Moscú.

    Los países de Indoamérica no son países industriales. La economía de estos pueblos es básicamente agraria o agrícola-minera. Examínense las estadísticas. El proletariado está en minoría, en completa minoría, constituyendo una clase naciente. Son las masas campesinas las que predominan, dando una fisonomía feudal o casi feudal a nuestras colectividades nacionales. Un partido de clase proletaria únicamente, es un partido sin posibilidades de éxito político en estos pueblos. No olvidemos la experiencia histórica. En los tres o cuatro de nuestros países donde se han formado partidos comunistas, encontramos casos parecidos al de la Argentina, donde la sección de la III Internacional, una de las más antiguas, se ha dividido en dos fracciones inconciliables, cuya lucha es tenaz y enconada: el comunismo "oficial" y el comunismo "obrero". Hay más, el comunismo argentino se ha dividido antes de haber alcanzado una sola representación en el Parlamento de Buenos Aires en tantos años.

    En la mayoría de nuestros países, la poca importancia del Partido Comunista no necesita exagerarse para reconocer que es mínima. En Chile y Uruguay el Partido Comunista ha logrado llevar representantes al Congreso, aunque la situación de esas repúblicas, especialmente la de Chile, nos revela hasta ahora el fracaso de la influencia de la III Internacional. La razón es económica. Sólo en los países donde la industria predomina relativamente, es posible descubrir alguna débil manifestación de las posibilidades del comunismo. No en los demás pueblos mas definidamente agrarios por razón también económica.

    Es en los países agrarios donde la joven y reducida clase proletaria necesita aliados para tomar posiciones. "La alianza con los campesinos es suficiente", suelen decir algunos optimistas repitiendo la salmodia leninista europea, pero, sin referirnos a la experiencia histórica indoamericana, por obvia, recordemos que, a pesar de su poder numérico, los campesinos en nuestros países también necesitan aliados. Otros aliados, además de la clase obrera. Y entonces, forzoso es abandonar la idea de un Partido de clase, exclusivamente comunista, para reconocer la necesidad de un diferente tipo de partido político revolucionario y antimperialista que no es Partido de clase, sino de Frente Único.

    Antes de seguir adelante, detengámonos en otro punto de vista referente a la falta de progreso del Partido Comunista en Indoamérica. Lo primero que el observador atento descubre al estudiar la realidad política rusa es la extraordinaria capacidad de los líderes, su sólida preparación y solvencia intelectual y el conocimiento científico del gran problema de su país. El contraste con los líderes criollos es definitivo. En nuestras repúblicas existe lo que Trostky llamaba, en un capítulo memorable de sus polémicas con Gorki, "bohemia revolucionaria". Al corbatón y sombrero de anchas alas del anarquismo intelectual contra todo y contra todos -nuestro rebelde profesional- ha sucedido otra arrogancia menos pintoresca y menos estética, pero no menos exhibicionista del comunoide fanfarrón e inculto. ¡Freud encontraría mucho que estudiar y descubrir en esta devoción del alarde externo de nuestros improvisados reformadores del universo! Entre ellos, tenemos ya el tipo bastante conocido del nuevo burócrata "revolucionario": el que ha conseguido una Secretaría de Partido a sueldo, posición que defiende con frases hechas, con ademanes hieráticos y dogmatismo simplista, mientras abulta "la curva de la felicidad" del vientre orondo y burgués y mira desdeñosamente al "hombre-masa" que llegue hasta él.

    Es ese falso liderismo de los comunistas criollos el que ha contribuido en mucho al rápido naufragio del barco bolchevique en nuestros mares. Entretanto, las grandes mayorías del proletariado indoamericano no han variado sus rumbos. Nuestra clase obrera, a medida que va definiendo más y más su conciencia de clase, adquiere con mayor justeza el sentido de la realidad. El proletariado consciente de Indoamérica ve con simpatía, con admiración y con curiosidad el gran fenómeno social de la Revolución Rusa, pero intuye las grandes diferencias de medio, de raza y de condiciones históricas entre el gran continente eslavo y nuestros pueblos. Adivina, además, las hondas diferencias éticas y mentales que separan a los conductores de la obra soviética de la mayor parte de los aupados dirigentes del comunismo criollo. Por eso mira a éstos con sincera repugnancia y no los sigue.

    Ese contraste, que es intuición casi vidente en nuestro proletariado, se percibe claro, rotundo, desconsolador, en Rusia misma. De él se puede tener también una impresión más o menos exacta, conversando con los obreros o intelectuales sinceramente revolucionarios, comunistas o no, que hayan visitado Moscú, libres de alucinaciones. Cabe, pues, afirmar que -amén de las condiciones de nuestra realidad-, el partido comunista no ha progresado ni relativamente entre las clases obreras de estos países debido a la evidente incapacidad de sus líderes. Porque aunque históricamente no se pueda aceptar la proximidad de una dominación comunista europea en Indoamérica, creo que, bajo una inteligente dirección, gran parte de las masas proletarias que hoy militan en los partidos socialistas, laboristas y radicales de México, Argentina, Chile, etc., en alianza con las clases medias, pudieron ser captadas aunque fuera sentimental y temporalmente por el comunismo. Pero ni los partidos de izquierda no comunistas, han disminuido sus masas obreras, ni las poderosas organizaciones sindicales apolíticas que agrupan buen número de trabajadores han mermado sus filas. Los partidos de obreros y campesinos, de artesanos y clase media, y las filas sindicalistas siguen tan fuertes como antes en Buenos Aires, Santiago, Río de Janeiro, La Habana y México, etc. ¡Y no se diga ahora que las masas obreras siguen a los socialistas o sindicalistas por estupidez o ignorancia! ¡Libremos a las masas obreras de semejantes cargos, que corresponden más bien a los líderes comunistas criollos! La justicia así lo exige... Son ellos, paralíticamente ortodoxos, los que confirman el apotegma indiscutible: No hay pueblo o masa buenos o malos; sólo hay dirigentes buenos o malos.

    De otro lado, la estricta organización centralizada del Partido Comunista no permite a sus dirigentes de Moscú, un conocimiento de los problemas lejanos de América. Hablando de este tema durante el Congreso Antimperialista de Bruselas con uno de los comunistas que formaron la aplastante mayoría de esa asamblea, me refirió que, al tratarse del entonces posible reconocimiento de la República Soviética por el Uruguay, se insinuó oficialmente en Moscú la conveniencia de designar a la Kollontay representante diplomático en México y Montevideo, simultáneamente, por ser "países próximos". Como quien dice El Salvador y Guatemala o Haití y Santo Domingo. Es explicable, por otra parte, que los líderes rusos no puedan tener conocimiento exacto de todos los problemas del mundo. El éxito relativo de los comunistas en Francia se debe al indiscutible valor intelectual de los líderes franceses. Basta oírles en la Cámara de Diputados de París para apreciar su gran capacidad política, su indiscutible sentido realista. El fracaso del Comunismo en Inglaterra se debe, también, a que la III Internacional no cuenta con adeptos de importancia que logren arrancar a las masas de la dirección de los laboristas. De lo primero que yo me convencí en Moscú fue del desconocimiento, casi total, que se tenía en Rusia de Indoamérica. Tuve oportunidad de leer algunos originales informes y conversar con varios líderes sobre la situación política y social de nuestros países. Repito: el desconocimiento era casi absoluto. En el discurso del Presidente de la Tercera Internacional, Zinovieff, durante el V Congreso Comunista Mundial, en el verano de 1924, después de una breve referencia a los movimientos de Argentina y Chile, dijo más o menos estas palabras: "poco o nada sabemos de la América Latina". Y ante una objeción del delegado de México, Bertram D. Wolfe, intelectual yanqui, quien criticó esa ignorancia, el entonces ídolo y hoy proscrito jefe del comunismo, respondió: "no es nuestra culpa, es que no se nos informa". Este diálogo lo escuché desde la tribuna de los periodistas.

    La ignorancia de nuestros problemas en Moscú es debida no sólo a los comunistas de Rusia. Examínese el programa de los partidos o grupos comunistas de América y véase si existe alguna referencia concreta al Imperialismo yanqui en nuestros países, antes de 1923. En 1924, durante las elecciones presidenciales de los Estados Unidos del Norte, el Workers Party of America o Partido Comunista, presentó como candidato a la presidencia de la república, al líder Foster. El candidato enunció un programa de reivindicaciones. Fácil era que ese programa abarcara todos los puntos que puede contener el de un candidato que sólo tiene que ofrecer. Empero, ni una sola palabra sobre imperialismo estaba escrita en él. Y en aquella época ya nuestro movimiento antimperialista se hallaba en marcha. ¡Es el Workers Party que ha exigido, después, el contralor de las Ligas Antimperialistas y el que aún las controla bajo el supremo comando de Mister Manuel Gómez, desde Nueva York!.

    Mientras tanto, el imperialismo ha avanzado triunfalmente, hasta convertirse en un peligro inmediato para todos nuestros pueblos. ¿Vamos a esperar que los líderes del comunismo criollo se capaciten, estudien o se transformen y descubran al final nuestra realidad, para que entonces nos dirijan con bien? ¿O vamos a repetir con ellos la historia de su etapa anterior de tanteos o intentonas que no se han acercado ni remotamente al éxito?

    ¿Será el Partido Comunista con sede y gobierno indelegable en Moscú el que conduzca a Indoamérica a su victoria contra el imperialismo?

    ¡Reflexionemos, sobre un mapa del mundo, ante una historia de nuestros pueblos y con honrada conciencia de nuestra realidad! La respuesta, aun la de los mismos comunistas capaces -de los pocos realistas tildados despectivamente por los demás como "derechistas", "intelectuales", "pequeños burgueses", etc.-, es negativa. El Partido Comunista en Indoamérica carece de fuerza y de autoridad para conducir la lucha antimperialista. Ni el nombre de la III Internacional, ni el nombre de su Liga Antimperialista Panamericana o de las Américas, condenada al fracaso, podrá nada. La fuerza de la corriente antimperialista es, en nuestros pueblos, más antigua que la III Internacional y más vasta que los exclusivismos de su partido de clase. Para que una clase social en Indoamérica fuera capaz de dirigir victoriosamente por sí sola a nuestros pueblos en la lucha antimperialista, tendría que llegar a las condiciones que Marx señala para la efectividad del comando clasista en una revolución: "Para que la emancipación de un pueblo coincida con la emancipación de una clase dada dentro de una sociedad burguesa, es necesario que esa clase como tal, represente al total de la sociedad". Y éste, justamente, no es el caso de nuestra naciente clase proletaria y menos aun del endeble Partido Comunista en Indoamérica, que ni siquiera la representa. El movimiento antimperialista, que es y debe ser movimiento de Frente Único, demanda, por lo tanto, una organización política de Frente Único también. Las Ligas Antimperialistas no bastan y el Partido Comunista sobra.

    Quedan así refutadas y destruidas las dos objeciones centrales del comunismo criollo contra el rol del APRA como Frente Único y como Partido Antimperialista en Indoamérica.

  • Fundación del Partido Aprista Peruano (PAP)

    Durante la vida republicana en nuestra política del siglo XX en el tercer decenio ocurrió un hecho histórico, “en la noche de 20 de Setiembre de 1930, un grupo de trabajadores manuales e intelectuales, reunidos en un taller de ebanistería, en el barrio de la Victoria, Lima aprobaron y suscribieron el Acta de Inauguración de la Sección de APRA en la ciudad de Lima”

    El Partido Aprista Peruano surgió en un crucial periodo de nuestra historia republicana, en cuanto a los partidos políticos tradicionales no lograron sobrevivir la prolongada autocracia del Oncenio. Tal es así que el Partido Civil o civilista feneció de forma oficial cuando los representantes más notables como: los doctores Matías Manzanilla y Manuel Vicente Villarán expresaron al corresponsal de “La Nación” de Buenos Aires que el Partido Civil había dejado de existir; en tanto el partido de don Nicolás de Piérola “El Partido Demócrata” casualmente había desaparecido después de la muerte del Califa.

    Aunque algunos años más muy esporádicamente tuvo la vigencia en la formación de coaliciones en épocas electorales. La misma suerte corrió con el Partido Demócrata Reformista de Leguía, que con la muerte del dictador desapareció en 1930.

    La significativa contribución del naciente Partido Aprista Peruano como partido político en el Perú fue: “en la gran inquietud que despertó en los jóvenes, principalmente entre los estudiantes y trabajadores, alcanzando organizar una fuerza auténticamente popular a través de la cual movilizaron a los sectores mayoritarios que hasta entonces había permanecido al margen del acontecer político del país”. De manera que se podría decir que el Partido Aprista Peruano había conseguido colocar al pueblo en la categoría de protagonista de su propio destino, esto fue a base de una intensa disertación ideológica de sus líderes y un esfuerzo tenaz de movilizaciones políticas como también la organización partidaria y acciones en defensa de los sectores más explotados.

    El otro punto que quiero resaltar aquí es que antes de suscribir el Acta de Inauguración de la Sección de Apra en Lima, existían ya constituidos varios secciones apristas en otros países. Tal fue el caso de la célula aprista de Paris (Francia) que funcionó desde el año de 1927, las secciones del Apra en Costa Rica, México, Santo Domingo, Bolivia, en Argentina existió dos células activas uno en Buenos Aires con Juan de Dios Merel Dulanto y en la Plata con Luis E. Heysen, sin embargo faltaba en el país donde nació Haya de la Torre.

    Cuando se vislumbraba la caída de Leguía en aquella época, “los apristas multiplicaron sus actividades especialmente en las Secciones Apristas de México y Buenos Aires, para lo cual designaron a Luis E. Heysen y Luis Eduardo Enríquez por orden de Haya de la Torre” para que organice los preparativos de la creación del Sección Aprista en el Perú. Entonces, Enríquez retornó al país por vía Cuzco en el mes de Abril de 1930, pero cayó en poder de la policía y fue apresado, con la caída de Leguía el 22 de Agosto de 1930, el nuevo gobierno dio amnistía política y así salieron muchos apristas entre ellos, Luis Eduardo Enríquez.

    Justamente los miembros del nuevo Partido Aprista Peruano: “se reunieron consecuentemente los meses anteriores en la misma vivienda donde se suscribió el Acta, la residencia perteneció a Carlos Muñoz ubicado en la calle “El Milagro” de la ciudad de Lima”. Conforme se puede verificar en los diversos textos publicados, el Acta de Inauguración de la Sección del Apra en Lima” en donde se constituyó un Comité Ejecutivo fue encargado la Secretaría General al odontólogo de origen cuzqueño Luis Eduardo Enríquez; la comisión de economía a Alfredo Gamboa, además las comisiones de propaganda y disciplina, y también aprobaron la publicación de un semanario titulado “Apra” como vocero oficial. “En aquella reunión participaron líderes apristas como Alcides Spelucín, Magda Portal, Serafín del Mar –seudónimo del escritor huancaíno Reynaldo Bolaños-, Francisco Galarreta, Arturo Bravo Pinto, Emilio D. Puente entre otros”.

    Sin embargo, desde la creación de este nuevo partido político, los apristas fueron perseguidos y encarcelados. Hoy el Apra es uno de los partidos políticos más longevos de nuestro país. A la fecha cuenta con más de ocho decenios de vida política ininterrumpida. No obstante que dentro de este periodo tuvo épocas de virajes, retrocesos y triunfos, de modo que los apristas rememoran las épocas de persecuciones políticas también los encarcelamientos en los gobiernos dictatoriales de Sánchez Cerro, Benavides y Odría. Estas épocas incluso: “fueron declarados como ilegal y proscrito”. A estas pesadumbres de los apristas, Basadre refirió al respecto: “Poco después de establecerse el nuevo partido fue perseguido como eran las organizaciones de la extrema izquierda. La persecución alcanzó a los principales dirigentes del Apra (...) Seoane fue desterrado a Buenos Aires junto a Luis Heysen, acusados ambos de actividades conspirativas al gobierno peruano (...)”.

    En 1932 las persecuciones continuaron con mayor tenacidad por el gobierno de Sánchez Cerro, veintitrés representantes apristas ante la Asamblea Constituyente fueron desaforados, perseguidos y posteriormente desterrados. El día 7 de Julio del mismo año amaneció entre balas y movimientos callejeros. Se había iniciado un proceso de revolución en Trujillo liderado por un militante aprista de nombre Manuel Barreto a quien la gente, por su contextura robusta lo llamó como “el Búfalo”. Este fue un líder obrero aprista nacido en Callao al parecer los apristas le deben su seudónimo a este hombre.

    Los revolucionarios llegaron a tomar la ciudad, y fue: “nombrado el Prefecto del pueblo Agustín Haya de la Torre, hermano del fundador del Apra”. La respuesta del gobierno de turno fue muy aplastante y dramática, en efecto, “miles de aprista fueron perseguidos, torturados y fusilados en Trujillo. Aun así, el proceso revolucionario que se había iniciado en Trujillo”. Posteriormente fue secundado pronto por movilizaciones populares en diferentes puntos del país: Cajamarca, Huaraz, Huancavelica posteriormente en Ayacucho.

    El día 30 de Abril de 1933 fue asesinado Sánchez Cerro. Lo sucedió en el poder el General Benavides, reiniciando una nueva y dura etapa de persecución de los apristas. La represión continuó y los presos políticos del Real Felipe, realizaron huelga de hambre para entonces, el proceso contra Haya de la Torre cobró un giro inesperado. “En el mes de mayo del mismo año, los empleados del juzgado se constituyeron a la cárcel con el objetivo de realizar la declaración instructiva de Haya de la Torre”. Según Murillo (1976), el líder aprista se negó cooperar y declarar dicha instructiva, sin embargo, por consecuencias de un criminal atentado en su celda, Haya de la Torre fue liberada. En el mes de Agosto de 1933 se dictaron algunas medidas a favor de los perseguidos políticos, entre ellas, la ley 7782 para los presos políticos, la autorización de las libertades públicas y el corte a todos los juicios de excepción de las acciones protagonizadas por la corte marcial que se refería fundamentalmente a los expatriados. En el mes de Octubre se reabrieron los locales del partido y, pese a la oposición de los remanentes sanchecerristas, el diario de circulación nacional “La Tribuna” volvió a circular. Se inauguraron 20 locales de la universidad popular “González Prada”. También se inauguraron los primeros comedores populares del pueblo. Volvían los desterrados quienes impulsaron la reorganización de la maquinaria del partido. Y en el mes de noviembre en la Plaza de Toros de Acho nuevamente se reunió el pueblo para escuchar las propuestas del fundador del Apra.

    Todo parecía que andaba bien, hasta que Riva Agüero fue nombrado presidente del gabinete del General Benavides en 1934, inmediatamente reinició una nueva y dura etapa de persecución al partido aprista peruano. Sin embargo los apristas reclamaron elecciones limpias al Gral. Benavides, igualmente la reincorporación de los parlamentarios destituidos, y también exigieron la derogatoria de la Ley de Emergencia que estuvo vigente. El descontento de la población creció cada vez más por los rumores sobre una probable postergación de las elecciones. En efecto, en: “un breve tiempo, con el apoyo de la Alianza Nacional y un grupo de militares en actividad intentaron sublevarse con resultados insignificantes. Se produjeron los actos de insurgencia en defensa de los derechos del pueblo. Por delación se frustró la conspiración y fueron apresados más de 200 apristas”. En el año de 1935 el partido aprista fue declarado ilegal, el sustento de tal determinación fue en que en el Art. 53 de la Constitución del 1933, declaró fuera de la ley a los partidos políticos de carácter Internacional. En 1936 se ratificó la medida que proscribió al partido de Haya de la Torre impidiéndosele la participación en las elecciones generales. En 1937 en el norte de Lima fue asesinado uno de los mejores líderes Manuel Arévalo Cáceres, al capturarlo lo aplicaron la Ley de la fuga disparándole un artero balazo por la espalda. “Estas dramáticas situaciones de los aprista hasta el años de 1945, fueron sometidos a una implacable persecución, denominada como la gran clandestinidad”. Y que después prosiguieron durante el gobierno del Gral. Odría. De hecho estos acontecimientos formaron, forman y formarán parte de las memorias de los apristas. Cómo son recordados por sus militantes especialmente en Ayacucho.

    En consecuencia el Apra fue el primer partido moderno y de masas de nuestro país; adoptó una ideología propia que pretendía repensar el país desde una óptica marxista latinoamericana; se dotó de una organización, una mística y una disciplina férrea que le permitieron sobrevivir duras épocas de persecuciones y encarcelamientos, así como cambios drásticos en su línea político-doctrinaria; protagonizaron los momentos más importantes de la historia política peruana de las últimas ocho décadas. Para los peruanos de todas las edades, el Apra es un referente importante de sus pasiones y certidumbres políticas: de hecho, resulta casi imposible permanecer indiferente a su presencia, a su legado histórico y a su conocido aunque cambiante apego por los símbolos y rituales partidarios.

  • Contáctanos

    Local Principal: Casa del Pueblo
    Av. Alfonso Ugarte N° 1012
    Lima, Perú


    Central: 01-4331259
    Celular: 999 068 710
    RPM: *919662
    contacto@apra.com.pe
  • Galería Fotográfica

    • Haya jóven
  • Visitante N°